Hemos recibido la visita de Nicolas Castaño. Llego de Amsterdam con el morral de viajante que no se queda. Lo traía lleno de historias de indios amazonicos; sacaba una por una las noches en una maloca y nos las ponía sobre la mesa para que las contemplaramos mientras escanciabamos un tinto de la Rioja. Después sacó un monstruo que el llamaba "cambio climático".Todos sentimos miedo, el quizo tranquilizarnos diciendo que el creía que si todos poníamos un poquito de nuestra parte, la bestia se quedaría por un tiempo dormidita, pero que de todas maneras volvería para devorarnos a todos. Pero lo que mas nos gusto¸ es que traía por montones la sonrisa de su padre y nos la dejó regada por todas partes. Mi mujer obsesiva del orden, que vive recogiendolo todo y metiendolo en cajones, no ha logrado hacerla desaparecer . Ha pasado diez veces la aspiradora, ha recurrido a dosis inimaginables de legía cotidiana, ha utilizado los mas poderosos detergentes que "arrancan la grasa más tenaz" y su sonrisa sigue alli.